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José Esteban Valdés

Por
José Esteban Valdés

Jose Valdés ejecuta su trabajo artístico principalmente a través de la pintura y la cerámica, presentándolo como un acto de resistencia y apertura frente al materialismo reduccionista que impera en la sociedad actual y que impacta, de manera devastadora, a niveles político, social y espiritual, marginando y deshumanizando a quienes no se ajustan a esas estructuras. Defiende comprender e incluir la existencia de otras formas de conocimiento, abriendo caminos hacia nuevas posibilidades de ser y sentir. Su trabajo parte de lugares no convencionales, teniendo en cuenta el simbolismo, la naturaleza y los afectos del alma humana.

La muestra propone un desplazamiento desde la superficie al interior, de la forma cerrada al proceso. Frente a una racionalidad que busca corregir y homogeneizar -podar el abultamiento-, la obra se instala en lo irregular, lo latente y lo no domesticable. El artista se sitúa junto al árbol, o quizás dentro de él y el tronco deviene arquitectura viva que sostiene la experiencia cotidiana. En ese cruce, la instalación reivindica lo que crece en la herida, lo que insiste en la sombra y lo que aún no tiene nombre; allí, en ese espesor material, lo invisible no solo persiste, sino que sigue transformándose.

Extractó teórico de Macarena Bravo Cox. Historiadora del arte. Investigadora y curadora independiente.



Podrás visitar la muestra hasta el 31 de mayo.

Curadora: Violeta Chiang. /Texto Teórico: Macarena Bravo Cox. Artista invitado: Jose Esteban Valdes.  /Vinculación Territorial: Patricio Soto /Producción: Belén Alfaro. /Asistente de Producción Javiera Cabrera. /Estrategia de RRSS y Prensa:  Denisse Leigthon. /Registro fotográfico: Marcos Saavedra y Mauricio Donoso Galdames

Invisibles que persisten

“El corazón del árbol / es un perro cansado / de buscar” (Susana Villalba, La bestia ser)
El espacio de la galería ha sido ocupado por un tronco cuya morfología abre una cavidad que funciona como cueva. Desde su interior -iluminado por el artista José Esteban Valdés- emergen figuras en cerámica de formas imprecisas, como si aún estuvieran en proceso de aparecer, brotando desde otro mundo, contenidas dentro de una caja sostenida por esta estructura magullada. “Lupia” nombra el abultamiento del tronco, esos nudos que surgen como respuesta a una perturbación. Es la lesión por donde ingresan microorganismos que alteran su crecimiento. Aquí no se entiende como anomalía, sino como una herida fértil.
Valdés sitúa su práctica en la intuición y una relación no jerárquica con la naturaleza. Su gesto no busca representar el mundo, sino permitir que lo exterior irrumpa en el interior, generando un cuerpo de obra vibrante y espontáneo. Alrededor del tronco pululan objetos y figuras tomadas de su cotidiano; la mayoría son presencias secundarias que no ocupan el centro de la Historia, pero sostienen la vida. El tronco mismo es un habitante silencioso: rincón de encuentro, receptor de orina y de basura, escondite, apoyo, escenario de vida microscópica y también de muerte. La multiplicación de seres orgánicos, animales y humanoides no responde al formalismo de la repetición, sino a la exploración de capas donde lo onírico y la contemplación se entrelazan, abriendo una lógica de asociación libre. La escena queda abierta a interpretación y distorsión y en eso, la imaginación se reproduce, no por linealidad, sino por polinización aleatoria.
La muestra propone un desplazamiento desde la superficie al interior, de la forma cerrada al proceso. Frente a una racionalidad que busca corregir y homogeneizar -podar el abultamiento-, la obra se instala en lo irregular, lo latente y lo no domesticable. El artista se sitúa junto al árbol, o quizás dentro de él y el tronco deviene arquitectura viva que sostiene la experiencia cotidiana. En ese cruce, la instalación reivindica lo que crece en la herida, lo que insiste en la sombra y lo que aún no tiene nombre; allí, en ese espesor material, lo invisible no solo persiste, sino que sigue transformándose.

Texto por Macarena Bravo Cox

Ejecuta su trabajo artístico principalmente a través de la pintura y la cerámica, presentándolo como un acto de resistencia y apertura frente al materialismo reduccionista que impera en la sociedad actual y que impacta, de manera devastadora, a niveles político, social y espiritual, marginando y deshumanizando a quienes no se ajustan a esas estructuras. Defiende comprender e incluir la existencia de otras formas de conocimiento, abriendo caminos hacia nuevas posibilidades de ser y sentir. Su trabajo parte de lugares no convencionales, teniendo en cuenta el simbolismo, la naturaleza y los afectos del alma humana.

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